Vera de Plomo: un atelier con alma donde el arte se convierte en encuentro, color y esperanza

Vera de Plomo, Atelier & Art Gallery en Elche

Hay lugares que son mucho más que un espacio físico. Sitios donde las paredes, la pintura y la música suave parecen guardar algo difícil de explicar. El Atelier & Art Gallery Vera de Plomo, en Elche, es uno de esos lugares.

Detrás de este proyecto de emprendimiento artístico encontramos a Vera Karina Cannita Patiño (Maracaibo, Venezuela, 7 de agosto de 1983), más conocida por su alter ego Vera de Plomo. Criada entre la herencia venezolana de su madre y la italiana de su padre, encontró desde niña en el teatro, la música y la pintura un espacio propio de expresión.

Vera de Plomo, Atelier Elche

Hoy, desde su atelier en Elche, desarrolla una propuesta artística donde el color, la naturaleza y la creatividad conviven con  obras originales, talleres, experiencias y proyectos que entienden el arte no solo como una obra para contemplar, sino también como una forma de encuentro y transformación.

“Alegría, color y esperanza”

Cuando le pedimos que se defina en pocas palabras, responde casi sin pensarlo: alegría, color y esperanza. No es una respuesta improvisada ni una etiqueta estética. En realidad, resume buena parte de su filosofía artística y personal.

Para Vera Karina, el arte no nace de una felicidad permanente ni de una visión ingenua del mundo. Al contrario. Su pintura parte muchas veces del caos, del cansancio, de la tristeza o de aquello que necesita ser comprendido y transformado. “Ser positivo no es inventarse realidades”, explica. “Es buscar activamente una forma de encontrar esperanza y seguir adelante”.

Quizá por eso sus obras, llenas de vibración cromática y movimiento, transmiten algo más profundo que un simple impacto visual. En ellas hay una búsqueda consciente de belleza entendida como refugio, como energía y como forma de sanar.

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El origen de un nombre singular

Detrás del nombre Vera de Plomo existe una historia íntima y sorprendente. Su padre, ingeniero y aficionado a la pesca, le enseñó desde pequeña cómo el plomo permitía que el anzuelo descendiera hacia lo profundo del agua. Esa imagen quedó grabada en ella.

Con los años, al descubrir la pintura como lenguaje propio, aquella idea adquirió un nuevo significado. El “plomo” representa precisamente eso: dejarse caer hacia la profundidad del pensamiento, del sentimiento y del autoconocimiento. No como un gesto oscuro, sino como una entrega sincera al proceso creativo. Ir a lo profundo para regresar transformada.

Ese simbolismo atraviesa buena parte de su trabajo y explica también la honestidad con la que habla de sí misma y de su arte.

Entre Venezuela, Italia y España

Vera Karina nació en Maracaibo (Venezuela) y creció entre influencias culturales diversas. Por un lado, la herencia italiana de su familia paterna, marcada por la contemplación artística, la poesía y una sensibilidad ligada a la belleza. Por otro, la parte venezolana, donde música, emoción y expresión convivían de forma natural en el entorno familiar. Esa mezcla sigue viva en su obra.

Vera de Plomo, Elche

El uso intenso del color, por ejemplo, conecta directamente con la estética de la cultura guajira o wayú, presente en la frontera colombo-venezolana y conocida por sus tejidos y contrastes cromáticos. Sus cuadros recogen ese diálogo entre raíces y experiencias vitales.

Hace ya más de una década, la situación sociopolítica venezolana la llevó a tomar una decisión difícil: emigrar a España. Llegó inicialmente para estudiar en Barcelona y, poco a poco, fue construyendo aquí una nueva etapa. Lejos de idealizar el proceso migratorio, la artista habla de él con serenidad y agradecimiento. España terminó convirtiéndose en hogar. Y, más tarde, Elche también.

Mucho antes del atelier: cocina, hostelería y creatividad

La historia de Vera de Plomo no responde al tópico del artista que siempre vivió exclusivamente para la pintura.

Su trayectoria profesional es tan diversa como interesante: estudió Comunicación Audiovisual y Recursos Humanos, trabajó en coordinación de eventos, creó una empresa de catering y desarrolló buena parte de su carrera en el sector hostelero y de restauración. En Venezuela primero y después en España, participó en proyectos de apertura y expansión de restaurantes, gestionando equipos y procesos complejos.

Durante años ocupó puestos de responsabilidad, especialmente vinculados a operaciones y creatividad empresarial. Y aunque pudiera parecer un camino alejado del arte, ella lo entiende justo al revés. Siempre estuvo creando: diseñando procesos, resolviendo problemas, construyendo equipos y buscando soluciones nuevas. La creatividad nunca desapareció. Simplemente esperaba otro momento para ocupar el centro.

Cuando el arte deja de ser un refugio y se convierte en camino

Como ocurrió con muchas personas, la pandemia y varios cambios personales actuaron como un punto de inflexión. El desgaste profesional, el cierre de ciclos y la enfermedad de su madre coincidieron con una sensación cada vez más clara: necesitaba replantearse la vida. Aquella estabilidad laboral que durante años había representado seguridad ya no le aportaba plenitud.

Entonces tomó una decisión valiente: dejó atrás Madrid, se instaló en Elche, formó aquí su familia y abrió su propio atelier. No fue un salto impulsivo. Fue, más bien, el resultado de un proceso largo de escucha interior. “Esto no es un hobby”, insiste. Y lo dice con la convicción de quien ha vivido tanto la estructura empresarial como la incertidumbre de emprender desde lo artístico.

Para Vera de Plomo, el arte exige disciplina, investigación y constancia. En su atelier existen rituales creativos —la vela encendida, aromas de vainilla o canela, música casi meditativa— pero también horarios, gestión y planificación. Porque detrás de cada proyecto hay trabajo real.

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Naturaleza, madera y color

La obra de Vera Karina Cannita Patiño se reconoce fácilmente. Trabaja principalmente con acrílico y madera, una combinación que responde tanto a razones estéticas como emocionales.

La madera le interesa por su organicidad, por la manera en que absorbe la pintura y conserva sus vetas, casi como si siguiera viva. El acrílico, en cambio, le permite alcanzar la intensidad cromática que busca. El color ocupa un lugar central, pero no como decoración, más bien como vibración, como lenguaje.

La naturaleza es otra presencia constante: flores, hojas, patrones orgánicos y referencias botánicas aparecen de forma recurrente en sus composiciones. No porque busque representar paisajes perfectos, sino porque encuentra en la naturaleza un orden distinto: imperfecto, cíclico y profundamente tranquilizador. En sus palabras, la naturaleza ofrece estabilidad sin necesidad de simetría, y eso le resulta profundamente inspirador.

Fachada escultórica: invitación a su universo creativo

Fachada Escultórica Vera de Plomo

Esta intervención artística, de 5,20 metros de largo por 1,40 metros de alto, convierte la fachada del atelier en una extensión de mi propio lenguaje visual. Está realizada íntegramente en madera cortada, ensamblada y pintada a mano, pieza por pieza.

Compuesta por más de 350 piezas individuales, cada elemento fue diseñado, recortado y pintado manualmente para crear un entramado orgánico de formas, símbolos y colores que dialogan entre. El resultado es una obra que integra arte y arquitectura, haciendo que el propio espacio forme parte de la experiencia artística. Más que un rótulo, esta fachada es una declaración de identidad y una invitación a entrar en mi universo creativo.

“Las golosas”: pintar el cuerpo desde la aceptación

Hay una serie especialmente significativa dentro de su trayectoria: Las golosas. Aquí el tono se vuelve más íntimo. Vera habla con honestidad de la relación compleja que durante años mantuvo con su cuerpo y de la presión estética vivida desde muy joven, especialmente en un contexto cultural donde la perfección física puede convertirse en exigencia permanente.

Frente a ello, comenzó a pintar cuerpos femeninos alejados de los cánones tradicionales. Mujeres libres, voluptuosas, imperfectas y celebradas. Así nacieron “Las golosas”. No como provocación ni reivindicación superficial, sino como un ejercicio personal de aceptación y homenaje. “Mujeres que disfrutan la vida y se aceptan como son”, resume.

La serie conecta con muchas visitantes del atelier precisamente porque habla de algo universal: la necesidad de reconciliarnos con nosotras mismas.

Elche y un atelier que ya es mucho más que un sueño

Vera de Plomo, Atelier

La llegada a Elche estuvo ligada inicialmente a razones familiares. Su pareja es ilicitana y la ciudad ofrecía ese entorno cercano que buscaban para criar a su hija. Sin embargo, con el tiempo, la relación con Elche ha ido mucho más allá. Vera de Plomo habla de la ciudad con cariño, la describe como un lugar familiar, abierto y lleno de posibilidades. También valora positivamente el movimiento artístico local y su experiencia con asociaciones culturales y espacios vinculados a Bellas Artes.

Pero quizá lo más interesante es cómo entiende su propio atelier dentro de esta ciudad: al principio lo veía como el lugar soñado donde poder pintar. Hoy lo percibe de otra manera, mucho más grande, mucho más importante. Cuando observa a niños descubrir materiales reales o a adultos desbloquear miedos y creencias sobre la creatividad, siente que está participando en algo que trasciende lo individual. “Ahora es una misión”, afirma. Y esa misión consiste en hacer un arte útil, accesible y alcanzable.

Talleres, vino y creatividad sin miedo

Esa filosofía toma forma en las distintas experiencias que organiza desde el atelier. Los talleres de pintura para niños y adultos conviven con propuestas como “Vino en mi atelier”, encuentros creativos donde pintar y compartir se convierten en una experiencia relajada y diferente.

Pueden ser reuniones entre amigas, parejas, cumpleaños, despedidas o pequeños grupos que simplemente buscan hacer algo distinto. La idea no es pintar “bien” ni producir obras perfectas. De hecho, Vera combate activamente esa presión.

Entre sus anécdotas favoritas están las “multas creativas”: sentadillas para los niños o bromas simbólicas con los adultos cada vez que aparece un “yo no sé pintar” o “me quedó horrible”. Porque, para ella, el verdadero aprendizaje consiste precisamente en romper esa rigidez. Soltar. Explorar. Permitirse descubrir. Y los resultados suelen sorprender incluso a quienes llegan convencidos de que jamás podrían crear nada.

Arte también para empresas

El trabajo de Vera de Plomo no termina en el ámbito personal. Otra de sus líneas más interesantes son los proyectos para empresas y team building creativo.

Desde pintura en vivo durante eventos hasta murales colectivos o dinámicas artísticas diseñadas específicamente para equipos de trabajo, la propuesta busca generar cohesión y experiencias memorables. Cada proyecto se adapta al objetivo concreto de la empresa: puede tratarse de celebrar un lanzamiento, fortalecer vínculos internos o construir un símbolo compartido.

Aquí vuelve a aparecer una idea clave en toda su trayectoria: investigar, comprender y traducir la esencia de cada persona o marca a un lenguaje visual propio.

Actualmente trabaja, entre otros proyectos, en un mural para Café Colomer, en Valencia, inspirado en el café de especialidad, la estacionalidad y los procesos que rodean este universo.

Una artista que mira hacia el futuro sin dar marcha atrás

Cuando imagina los próximos años, Vera Karina responde sin demasiadas dudas. Se ve haciendo exactamente lo que hace ahora. Quizá más grande, más lejos, más accesible. Pero sin abandonar este camino, porque siente que ya no hay vuelta atrás. Cada día, dice, va desprendiéndose de prejuicios y viejas creencias sobre el arte y su viabilidad. Y lo hace con una convicción poco habitual: la de quien ha encontrado un lugar propio.

Quizá por eso, cuando le preguntamos qué le gustaría pintar en un lugar emblemático de Elche, aparece un símbolo inevitable: La Dama de Elche. Todavía no se ha atrevido, dice que le impone respeto y que siente que aún debe seguir construyendo pertenencia antes de interpretarla desde su universo artístico. Pero la idea está ahí, esperando su momento. Y no cuesta imaginar cómo sería esa Dama reinterpretada desde la mirada vibrante, orgánica y profundamente humana de Vera de Plomo.

Información práctica

Vera de Plomo – Atelier & Art Gallery
Obra original, encargos, talleres, live painting y experiencias creativas.

Experiencias y actividades:

  • Talleres de pintura para niños y adultos
  • “Vino en mi atelier” (35 € por persona, materiales incluidos)
  • Cumpleaños y experiencias creativas privadas
  • Team building y talleres para empresas
  • Live painting y proyectos artísticos personalizados
  • Escuela de verano y actividades infantiles
  • Tarjetas regalo y reservas de experiencias

Más información y reservas en: veradeplomo.es

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